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LA SEMILLA DEL DIABLO o La Vulnerabilidad de la Inocencia


La semilla del Diablo (Rosemary’s Baby) es un gran film de culto de Roman Polanski protagonizado por la icónica Mia Farrow.

Rosemary Woodhouse (Mia Farrow) es exactamente la personificación de la dulzura e inocencia femeninas. Es una chica joven, recién casada y totalmente enamorada de su nuevo marido, un actor medianamente famoso de teatro a quien ella admira profundamente. Es delgadita y pequeñita, rubia, con enormes ojos claros y sonrisa perenne.

Se muda junto a su marido a un antiguo y precioso apartamento en un edificio frente a Central Park, habitado solo por ancianos que llevan toda la vida viviendo allí. Desde el primer momento, sus vecinos de enfrente, Minnie y Roman Castevet,  se muestran demasiado acogedores. Se entrometen en la vida de pareja de Rosemary y aprovechan cualquier excusa para entrar en su casa.

Lo que ella más desea es tener un bebé, pero su marido necesita centrarse en su carrera como actor, la cual no parece despegar del todo. De repente, el actor que le había arrebatado el papel a su marido sufre una ceguera repentina y el papel pasa a su marido. Ante la perspectiva de mejorar su situación profesional, los Woodhouse deciden tener un bebé y para ello reservan una noche en la que cenar los dos a la luz de las velas y continuar la romántica velada en el dormitorio.

Rosemary, feliz e ilusionada, se arregla y prepara una preciosa cena, que sus vecinos intentan compartir. El vino parece sentarle mal y se desmaya. Durante la noche sufre unas terroríficas y sumamente realistas pesadillas en las que un ser demoníaco la viola. A la mañana siguiente, se despierta con marcas de arañazos por el cuerpo y su marido le dice que aunque estuviera desmayada tuvo que aprovechar la ocasión para que se quedara embarazada.

Rosemary se queda embarazada pero pronto su felicidad se convierte en horror cuando su embarazo empieza a consumirla física y psíquicamente. Sus entrometidos vecinos viven prácticamente con ella y se ocupan de prepararle brebajes para mejorar su embarazo, aunque los dolores que siente son cada vez peores.

Durante toda la película, la inocencia y felicidad de Rosemary juegan en su contra y acaban desapareciendo dejando paso al dolor y la paranoia. Sus ancianos y perversos vecinos controlan su vida y su marido le hace creer que está perdiendo el juicio por culpa de las hormonas del embarazo. Su feminidad hace que se doblegue ante él y no se imponga. Es vulnerable ante su marido, ante sus vecinos, y ante su médico. Se fía de todos ellos e incluso cuando pierde la confianza no es capaz de rebelarse y escapar, ni siquiera por su bebé.

Finalmente, cuando el bebé nace y se desvela que sus vecinos son miembros de una milenaria secta que adora a Satán y que el bebé es el hijo del Diablo, Rosemary queda en shock pero acepta el destino del bebé porque le controla su instinto materno y las ganas de ser madre.

El personaje de Rosemary representa, de forma caricatural y extrema, a las mujeres de los años 60. Hoy en día, el personaje de Rosemary no despierta compasión entre las mujeres más jóvenes ya que no podemos sentirnos identificadas con un personaje tan doblegado ante la presión externa y tan débil, cuya única revelación es un corte de pelo masculino del cual se arrepiente al ver que a su marido no parece complacerle. Rosemary es un personaje que se deja llevar por un sentimiento de pertenencia en un rol social determinado y arcaico.

Maria

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LA NARANJA MECÁNICA o La Inseguridad del Machito


La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange) de Stanley Kubrick, fue una película que marcó una época. Su extrema violencia y sus escenas obsesivamente gráficas hicieron de ella un clásico perturbado y único. La película describe el disfrute obsesivo de su protagonista con la violencia y el odio, y la tortura de su propia victimización.

La lectura más común de la película es la que apoya que el film pretende poner en evidencia que la violencia genera más violencia. Las víctimas de una violencia macabra y extrema se convierten en sus marionetas: se transforman en seres igual de sádicos que sus agresores.

Mi lectura no se centra tanto en la consecuencia de la violencia sino en su causa. La causa de esa violencia es dónde el carácter femenino del film se vislumbra. La película empieza con un primer plano de Alex DeLarge, el protagonista y narrador, fijando una mirada enfermiza en la cámara. Está bebiendo un vaso de leche  en un extraño y blanco bar, dónde las mesas son maniquíes de mujeres desnudas con pelucas de colores apoyadas en manos y pies y con el vientre y pecho hacia arriba. Curiosamente, tanto en esa primera escena como a lo largo de la película Alex, quién tanto disfruta con la violación y la ultra-violencia, resulta femenino. Siempre viste de blanco y tiene las pestañas del ojo derecho pintadas y alargadas. Tiene el pelo cortado en melena y su voz es extrañamente aguda. Alex oculta una faceta femenina.

En mi opinión, la causa de su satisfacción por la ultra-violencia y vejación es su propia inseguridad sexual y social. Alex ve a la mujer como un objeto puramente sexual y una herramienta de desahogo. De ahí su desembocada ira hacia las mujeres a las que viola y tortura. Parece sentirse atrapado en una permanente niñez dónde la figura de la madre está patente: la leche que beben en el bar sale del pecho de uno de los maniquíes que está de pie y visten (tanto Alex como su pandilla de secuaces) con una especie de pañal externo que define y exagera su miembro masculino.

Esa exageración de su sexo demuestra su homosexualidad de forma inconsciente y se suma a otros detalles que apoyan su inseguridad sexual: en los cuadros de su casa ha dibujado falos que sobresalen de la ropa de personajes de la antigüedad greco-romana y además tiene por mascota a una serpiente (diferentes mitologías y el campo de la psicología de los sueños consideran a la serpiente como símbolo del miembro masculino, especialmente cuando éste supone angustia o miedo para el que sueña).

Se siente además oprimido por otros personajes homosexuales, como por ejemplo su oficial de libertad condicional, quién abusa ligeramente de su poder para intimidarle e insinuársele en su casa; y otros reclusos en la cárcel, a quienes odia y teme.

Todo el desarrollo del personaje, con su faceta antagonista y su odio propio, que exterioriza a través de la ultra-violencia le sirven para reafirmar su virilidad: destroza a mujeres y a otros hombres que considera inferiores, debido a su feminidad innata que rechaza, para sentirse más hombre.

Os dejo el tráiler, estéticamente representativo de la película:

Maria

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