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GUERRA DE NOVIAS o El Amor Verdadero


Aunque es cliché que las mujeres desde que son niñas se obsesionen con el día de su boda y con todos los maravillosos y mágicos preparativos, es una realidad para muchas chicas.

En este film, dos mujeres muy distintas, Liv Lerner (Kate Hudson) y Emma Allen (Anne Hathaway), son mejores amigas y a su vez totalmente diferentes. La película retrata dos personalidades profundamente femeninas y tremendamente actuales, y además demuestra la posibilidad de que las mujeres elijan personalidades extremas que finalmente las alejan de su naturalidad femenina.

Emma y Liv son mejores amigas desde niñas y es durante su niñez cuando comparten un momento determinante en sus vidas: sus madres (también amigas desde siempre) les llevaron al hotel The Plaza de Nueva York un soleado día de junio a tomar té. Es allí dónde presencian una preciosa boda y guardan una pequeña horquilla azul que se le cae a la novia del peinado. Ese día deciden que sus bodas serían también en junio y en The Plaza.

Lo que hace esta película interesante es el mensaje insinuado y las personalidades de Liv y Emma.

Liv es una businesswoman neoyorquina, la típica ejecutiva agresiva. Ella es la líder; es todo concentración y ambición. Es una multitasker nata, además de poderosa y con mucho éxito profesional y personal. Es guapa y se saca partido vistiendo la mejor ropa y llevando el pelo y el maquillaje siempre perfectos. Toda su imagen y su personalidad gritan: control.

Emma, al contrario que Liv, es la chica dulce, atenta y buena. Es profesora en un colegio y se deja pisotear por su colega, Deb. Está siempre pendiente de los demás y quiere que todo el mundo a su alrededor sea feliz.

Cada una, a su manera, es la mejor amiga que puede ser. Liv le hace regalos caros a Emma porque ella no puede permitírselos y además le escucha cuando ésta se queja de Deb y le impulsa a revelarse y a no dejarse pisotear. Emma, en cambio, siempre pone la felicidad de Liv antes que la suya y, como símbolo de lo que le importan los demás, no deja que Liv vea el anillo de compromiso que se han encontrado por casualidad en el armario porque cree que su novio tiene derecho a ver la cara que ella pondrá al ver el anillo por primera vez.

En mi opinión, todas las mujeres que vean la película – o lean este artículo – se identificarán con una o con la otra. Ambas representan mujeres actuales, mujeres a las que todas tendemos cuando tenemos que decir qué es importante para nosotras en la vida y a dónde queremos llegar en la vida personal y en la profesional; en definitva, cuando tenemos que definir quiénes somos.

La película usa esa identificación con un fin mayor que el de entretener con los típicos clichés femeninos: Liv representa a la mujer que siente que tiene que estar siempre un paso por delante de todo y de todos para ser valorada y para que todo salga bien. Emma siente que tiene que caer bien y ser siempre dulce y buena para que el mundo no deje de girar.  A través de la película, descubren que han de encontrar un equilibrio: Liv debe ser más humana y Emma tiene que pensar en sí misma, aunque solo sea de vez en cuando. Al fin y al cabo, se hacen más mujeres (y menos niñas). Una más femenina y la otra más masculina, pero finalmente mujeres modernas y completas. Por lo tanto, una de las lecciones de la película es que no hay que ser una mujer biónica, ni tampoco una muñeca dulce y sin espíritu: las mujeres tenemos que ser equilibradas y felices, con nuestras fortalezas y nuestras debilidades.

La otra lección que la película desprende es que, lo que realmente es importante para una niña cuando piensa en el día de su boda, no es tanto la ceremonia o el traje, si no encontrar esa persona que siempre estará a tu lado, pase lo que pase. Y lo más importante es que esa persona no tiene por qué ser tu marido o novio; a veces se crean vínculos que no pueden romperse, y puede que la persona que siempre estará a tu lado pase lo que pase, sea la que te conoce mejor que tú misma y que siempre ha estado a tu lado, pasara lo que pasara: tu mejor amiga.

Os dejo el tráiler para tentaros:

Maria

Sexo, amor, glamour, mujeres y Nueva York


Todos sabemos que Sexo en Nueva York ha sido una serie muy famosa y reconocida que se emitió desde 1998 hasta 2004. Está basada en un libro que es una compilación de una columna titulada Sex and the City que se publicaba en el periódico New York Star y que escribía Candace Bushnell. Esta serie, protagonizada por Sarah Jessica Parker (Carrie), Kristin Davis (Charlotte), Cynthia Nixon (Miranda) y Kim Cattrall (Samantha), tuvo tanto éxito que se hicieron dos films como continuación de la serie.

Las cuatro protagonistas nos muestran la imagen de una mujer productiva, dueña de sí misma, profesional en el trabajo, glamurosa, chic, perfecta tanto en su vida profesional como personal, en un escenario, también protagonista: la ciudad de Nueva York. Representan de forma perfecta, aunque también un poco exagerada, a la mujer de hoy en día, trabajadora pero a la vez controladora, que quiere dominar todos los aspectos de su vida de una manera perfecta, pero no por ello siendo menos víctima de la honestidad de sus pasiones.

No es fácil identificarse con una escritora de una columna de sexo, loca por los zapatos Manolo Blahnik, muy estilosa e inteligente como es Carrie; ni tampoco es fácil identificarse con una atractiva relaciones públicas como es Samantha, que utiliza a los hombres como un objeto sexual para divertirse, lo que muchas veces implica ser mujer en una sociedad machista; ni con una abogada de éxito, que teme al sexo y al control que le suponen los hombres y la maternidad, como es Miranda; ni tampoco es fácil identificarse con una licenciada en arte que busca el amor por encima de todo, como es Charlotte.

La serie Sexo en Nueva York nos empezaba contando la historia de Carrie y sus tres mejores amigas, que exploran el duro papel de ser mujeres solteras en la ciudad de Nueva York. En un principio, parece que interpretan papeles superficiales y poco profundos, sin embargo, durante las seis temporadas de la serie, así como en las películas, se puede decir que las protagonistas empiezan a madurar, evolucionar, cambiar y a tomarse más en serio sus relaciones con los hombres.

En las películas podemos ver la evolución completa de todas ellas, pues ya no buscan hombres para divertirse o como un experimento para encontrar al hombre apropiado, sino que cada una de ellas tiene su propia relación estable, incluso con hijos y matrimonio. La única excepción es Samantha, que sigue representando la imagen de mujer neoyorquina sexualmente activa, que quiere cuidarse a sí misma antes que cuidar la estabilidad de una relación.

El poderío del materialismo en ambas películas, así como en la serie, hace que sea difícil identificarse con ellas. Los bolsos, el maquillaje, el vestuario, las fiestas, los cócteles, las discotecas, las marcas, el lujo… se alejan en muchos casos de la realidad, pues no muchas mujeres gozan de estos beneficios o pueden brindarse la oportunidad de comprarse unos Manolos una vez al mes o de llevar un traje de Dolce & Gabana a una fiesta. De hecho, Sexo en Nueva York 2, es muy superficial y materialista, pues hay una escena en la que las cuatro protagonistas van andando por el desierto de Abu Dhabi con zapatos de tacón y trajes de gala. Sin embargo, las espectadoras que hemos seguido la serie desde principio a fin sabemos que la producción es muy materialista y nos esperábamos algo así en las películas.

Además de ver a las cuatro de ellas con admiración y como un modelo a seguir (no siempre fácil), las espectadoras nos podemos identificar con ellas en muchos aspectos, pero, sobre todo, en sus sentimientos, pasiones, la forma de vivir la vida, la amistad, el amor… Además representan todos estos temas desde un punto de vista gracioso y moderno. Ellas representan extremos, pero en muchos puntos de su personalidad y forma de ser, nos podemos identificar con ellas.

La serie y ambas películas irradian feminismo, moda, amistad, amor, sexo, aventuras, deseo, pecado, problemas personales… La amistad es uno de los temas principales de toda esta producción, pues son cuatro amigas que se apoyan y animan en los momentos difíciles y que son generosas y consejeras emocionales las unas con las otras. Es una obra protagonizada por mujeres y dirigida a mujeres. Por ello se convirtió en una obra de culto para, sobre todo, mujeres y hombres homosexuales.  La fiel audiencia era un 85% femenina.

Desde La Mujer del Fotograma aplaudimos a una producción que (por primera vez) tiene por protagonistas a cuatro mujeres de más de 40 años decididas al feliz ejercicio de su feminidad.

El tráiler para tentaros:

Silvia

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