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Cenicienta: la verdadera historia


Por siempre jamás (Ever after) estrenada en 1998 es mi película favorita. Esta película nos muestra la historia de una Cenicienta realista, una niña huérfana que gracias a su coraje y determinación logró hacer realidad sus sueños. Dirigida por Andy Tennant, cuenta con un reparto excepcional: Drew Barrymore es Cenicienta y la galardonada Anjelica Huston interpreta a la cruel madrastra.

Sin embargo se puede pensar que Por siempre jamás es un film más sobre el viejo relato: sí y no. Se trata de una versión muy femenina, donde tiene gran fuerza la historia romántica. Por otro lado, esta versión tiene un aire más realista. Se dejan atrás los hechizos mágicos y la famosa frase Bibidi Babidi Bu, pero permanecen, eso sí, el príncipe enamorado y las egoístas madrastra y hermanastras.

La película muestra a una Cenicienta llamada Danielle D’Barbarack, una jovencita del siglo XVI, que desde muy pequeña aprendió lo que era el sufrimiento. Cuando su padre murió siendo ella tan solo una niña de ocho años, fue despreciada por su nueva familia y obligada a convertirse en sirvienta de su nueva madrastra.

Danielle es una mujer fuerte, con grandes valores, una gran personalidad, culta (su libro preferido es Utopía, de Tomás Moro) con una mezcla de fuerza, belleza y valentía. A medida que el tiempo pasa, Danielle se convierte en una damisela cuyo destino se cruzará fortuitamente con un príncipe: el príncipe Enrique, futuro rey de Francia. Pero en esta ocasión, Cenicienta no conoce a un príncipe en un baile, si no que para salvar la vida de un sirviente, Danielle se hace pasar por una cortesana y es así como su vida da un giro afortunado.

Por otro lado, además de Danielle destacan su madrastra (la baronesa D’ Ghennt) y sus dos hermanastras (Margerit y Jackeline).
La baronesa D’ Ghennt  es una mujer arrogante, egoísta y celosa. Cuando se casó con el padre de Danielle, no fue por amor, si no por dinero y para que tanto sus hijas como ella tuvieran una mejor posición social. Siempre culpó a Danielle de la muerte de su marido ya que éste al morir, dedicó sus últimas palaras a su hija y no a ella. Además, para poder saldar sus deudas, D’Ghennt vende los muebles de la casa en secreto y culpa a los criados de ser ellos los que los roban.

En esa época, las madres estaban siempre pendientes de los pretendientes de sus hijas, pero ella únicamente pensaba en el porvenir de su hija mayor, Margerit, mientras que Jackeline era a veces tratada igual de mal que Danielle por ser menos atractiva que su hermana.

Margerit es el vivo retrato de su madre: ella solo piensa en sí misma y en su futuro; un futuro lleno de lujos y dinero. No concibe que alguien “inferior” a ella pueda conseguir lo que ella tanto anhela. Al igual que su madre, es egoísta y cree ser el centro del mundo.

Jackeline es el polo opuesto a su hermana y a su madre: es noble, bondadosa, se preocupa por Danielle. En una escena de la película, Danielle recibe unos latigazos y es ella la que está ahí para curarle y darle apoyo. Es una chica que piensa en los demás antes que en sí misma.

No quisiera seguir contando más acerca de este inolvidable film si no que me gustaría que todos los que estéis leyendo el blog veáis esta película. Una película que cambiará vuestro concepto de Cenicienta.
Para concluir quisiera decir que Por siempre jamás es un film en el que el esfuerzo, la valentía y el coraje ocupan un lugar muy especial, encarnados por el personaje de Danielle.

Aquí os dejo el tráiler. Espero que os guste:

Lucía

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Princesas, Brujas y Hadas – La Mujer en Disney


Las películas de Disney me encantan. A mí, y a todas las mujeres que piensan que serán niñas para siempre. Y aunque me encantan, siempre me ha fastidiado la fijación de Disney por asesinar u obviar al personaje de madre.

En cualquier película; Blancanieves, Bambi, Cenicienta, La Bella Durmiente, La Sirenita, La Bella y la Bestia, Aladín, Pocahontas… La madre ha muerto, muere o simplemente no está – sin explicitar motivos. Como niña que adora a su madre, como joven reivindicativa y como mujer y futura madre, esto siempre me pareció un insulto. Pero, reflexionando sobre el rol de la mujer en cada película y en Disney en general, me he dado cuenta de que esto es un tributo a la mujer, y al personaje de la madre.

Es interesante que las películas de Disney giren en torno, en la mayoría de los casos, a personajes femeninos. Las heroínas, las princesas y las guerreras, son las que generan toda una serie de acciones e historias a su alrededor. Los prototipos de musa de Disney son, paradójicamente la madre, la princesa dulce, la princesa rebelde, la bruja o madrastra malvada y las hadas.

Las madres nunca – o casi nunca – aparecen en las películas. En mi opinión, es un personaje tan complejo, tan perfecto, que es demasiado difícil crearlo. Es un personaje “intocable” y si apareciera en las películas, nunca sería tan perfecto como lo recuerdan las hijas. Además, las hijas sufren y tienen que luchar por sí mismas precisamente porque su madre no está para hacerlo por ellas: las madres son la protección, el apoyo y el amor encarnados. Aunque la madre sea estrictamente necesaria para el desarrollo de un hijo, está claro que al no aparecer, los hijos han de crecer y madurar más rápido y de forma más abrupta. Que la madre no esté presente hace que, por ejemplo las princesas, tengan que crecer solas y tengan que ser salvadas por un príncipe: me pregunto, si las princesas hubieran tenido madres… ¿habrían necesitado príncipes azules? De hecho, que el personaje de madrastra sea cruel y atormentado también es un tributo a las madres, que son la versión verdadera, buena y auténtica del personaje perverso de madrastra. Aunque Disney no exhiba el personaje de madre, lo tiene en mente y lo idolatra a través del recuerdo de sus hijas, y también de esos reyes que desolados por la pérdida de su amor verdadero, se casaron de nuevo – siempre con versiones mucho peores que la original.

Las princesas dulces son un personaje típico de Disney: blancanieves silva mientras hace las labores de la casa, cuida de los ancianitos y además adora a los animales. Cenicienta canta y limpia, además de ser guapa y bailar el waltz como nadie. Se porta bien y está en casa a las 12. La bella durmiente cae en la trampa de maléfica porque quiere coser con una rueca, también canta, baila y limpia la casa, además de cocinar y vivir con las tres ancianitas que cree que son sus tías.

Con eso y con todo, Disney también ha dado alguna princesa rebelde. Ariel, la Sirenita, soñaba con dejar su mundo atrás para poder ir a conocer al chico del que se enamora y ver un mundo distinto. Es aventurera y algo temeraria, además de profundamente desobediente. Bella, la Bella y la bestia, es una chica a la que le encanta leer, pero decide adentrarse en un tenebroso castillo buscando a su padre e incluso, en un ataque de valor, cambia su suerte por la de él. Jazmín, la princesa de Aladín, se niega a casarse con el príncipe que le asigna su padre y en su lugar, se enamora de un pordiosero que roba a diario y tiene un mono como mascota – si eso no es rebeldía… Pocahontas también es una chica guerrera que decide de quién enamorarse y no deja que su padre ni su tradición cultural le digan quién es. Mulan, la última guerrera que ha dado Disney se hace pasar por un hombre para salvar a su padre y el honor de su familia. Aunque todas estas princesas son guerreras, siempre les guía el amor por su familia – elemento intrínsecamente femenino y profundamente dulce.

Aunque las princesas se distinguen en dos categorías, todas son mujeres ejemplares (sobre todo desde el punto de vista masculino), valientes, y dulces. Todas – hasta la más guerrera y dominante – necesita además un príncipe azul que las rescate de sus enemigos, o de ellas mismas.

Otro personaje típicamente Disney es la bruja o madrastra: un personaje perverso, pero también profundamente femenino. Todas las brujas experimentan envidia de algún modo y sienten que tienen que eliminar a la competencia – las princesas. En Blancanieves, la bella madrastra se siente insegura porque Blancanieves es la más bella (relegándola al puesto de segundona). Se transforma en una horrorosa bruja y envenena a su hijastra. En Cenicienta, la madrastra usa a la princesa de criada y pretende que sus hijas le roben a su príncipe azul. Maléfica, en La Bella Durmiente, siente envidia por ser la única hada que no ha sido invitada al bautizo de la princesa y la hechiza para que al cumplir dieciséis años muera al pincharse con una rueca. En La Sirenita, la bruja pulpo Úrsula, en lugar de transformarse, como sucede con Blancanieves, en una anciana, opta por transformarse en una bella mujer para enamorar al príncipe Eric y que la Sirenita le entregue su voz para siempre.Las brujas o madrastras son crueles, frías y calculadoras y quieren deshacerse de las que ellas consideran competencia directa. Ese rasgo es profundamente femenino ya que necesitan sentirse “las mejores” y para eliminar a la competencia no emplean la violencia si no tácticas escurridizas, juegos mentales y ataques indirectos.

Finalmente, el personaje de hada también es frecuente y sirve de apoyo – como una segunda madre – a muchas de las princesas huérfanas. En La Cenicienta, el “Hada Madrina” la consuela cuando más sola y triste se siente, y consigue que vaya al baile y brille con su propia luz. En Pocahontas, el hada es en realidad una ninfa, un espíritu del bosque (su abuela) que aparece en la corteza de un árbol. De nuevo, este espíritu anciano guía a Pocahontas cuando más lo necesita y le proporciona sabiduría. En La Bella Durmiente, las hadas son tres y se ocupan de velar por la seguridad de la princesa, además de aportarle un núcleo familiar. En el caso de Peter Pan, Campanilla también ejerce el papel ligeramente autoritario pero cariñoso de madre (aunque en realidad también ejerce el papel de mejor amiga y el de guerrera protectora). En general, el personaje de hada se podría equiparar al de abuela en la estructura actual de familia, ya que aporta apoyo, tradición, protección y sabiduría.

Creo que Disney crea un panel de personajes femeninos similares entre ellos – a veces poco complejos – pero reales. Utiliza y enfatiza los mejores atributos de las mujeres – la belleza, la gracia, la delicadeza, la elegancia, la dulzura – para crear princesas que se convierten en modelos a seguir para niñas en todo el mundo. Además, la doble moral sugiere que si eres tan ideal como una princesa Disney, tendrás un príncipe azul igual de ideal que tú.

Maria

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